Esta historia existe gracias a que Luis andaba un poquito perdido con la tecnología… y necesitaba el cronograma de clases. Era el primer día de universidad cuando Annabella lo vio entrar —alto, y bronceado— y pensó: “wow”. Luis, recién llegado de y sin conocer a nadie, decidió sentarse detrás de la que le pareció más amable del salón. Su estrategia para romper el hielo fue pedirle el cronograma. Annabella, muy de su parte, se ofreció a enviárselo por , pero Luis no tenía idea de cómo funcionaba. En lugar de admitir su derrota tecnológica, respondió con toda la seguridad del mundo: “¿Me lo podés mandar por WhatsApp mejor?” Así consiguió el cronograma… y también su número.
Ese chat nunca desapareció. Poco después los llevó a una primera cita cerca de : una noche fría, con neblina, nachos, y papitas compartidas. No sabemos si fue la magia del clima o el poder de una buena orden de nachos, pero esa noche descubrieron que estar juntos se sentía como estar en casa. Lo que comenzó con un cronograma que Luis pudo haber recibido por terminó convirtiéndose en una conversación que sigue hasta hoy… y en la historia que ahora nos trae hasta aquí.
Tocá las palabras subrayadas para conocer su significado.




