Nuestra historia

Nuestra historia empezó sin avisar, entre clases y pequeños momentos que lo cambiaron todo.

Antes de encontrarnos

Mucho antes de esta boda, éramos dos historias que no tenían ninguna razón evidente para cruzarse. Yo, Anna, crecí en Honduras; Luis, en Costa Rica. Dos países, dos familias, dos culturas y dos vidas completamente distintas. Ninguno de los dos sabíamos que, mientras cada uno iba construyendo su propio camino, Dios ya estaba preparando el momento en el que esos caminos se encontrarían.

Cuando aún no nos conocíamos

Anna de niña con un vestido tradicional
De niña, en Honduras
Luis de niño vestido de vaquero
De niño, en Costa Rica
Annabella y Luis con sus compañeros el primer día de clasesUniversidad de Ciencias Médicas
AnnabellaNosotros
Luis
Nuestro primer día de clases

Ese momento llegó en la universidad. Yo acababa de llegar a Costa Rica sin conocer a nadie y Luis tampoco estaba muy ubicado. Entre tantas caras nuevas, él se acercó a pedirme información de una clase. Intenté enviársela por AirDrop… y no sabía usarlo. Así que WhatsApp terminó resolviendo el problema. Y bueno, podemos decir que no entenderle a AirDrop le salió bastante bien.

Anna y Luis en su primera cita
Nuestra primera cita
Anna y Luis cuando ya salían formalmente
Cuando empezó lo nuestro

Y sin darnos cuenta, empezó lo nuestro

Lo que comenzó como una conversación cualquiera se fue llenando de razones para quedarnos. Llegaron las primeras salidas, las comidas compartidas, las conversaciones largas y esos pequeños gestos que dicen mucho más que una gran declaración.

Yo empecé a reconocer en Luis a un hombre que cuidaba: el que cocinaba para mí, me dejaba comida preparada y hablaba de la familia que algún día quería formar. Luis, por su parte, descubrió que hacerme feliz también lo hacía feliz a él.

Entre diferencias culturales, risas, momentos difíciles y hasta una pandemia, fuimos entendiendo algo: no necesitábamos parecernos para sentirnos en casa juntos. Nuestra relación se convirtió justamente en lo que hoy mejor nos describe: hogar, conexión y alegría.

Entonces llegó la pregunta: ¿y ahora qué?

Graduarnos era cumplir uno de los sueños por los que habíamos trabajado tantos años. Pero también significaba enfrentarnos a una realidad que tarde o temprano iba a llegar: yo, Anna, soy de Honduras, y Luis es de Costa Rica. La universidad había sido el lugar que nos puso en el mismo camino, y nos preguntábamos qué pasaría ahora que esa etapa terminaba.

La respuesta no fue simplemente elegir un país. Fue elegirnos el uno al otro. Después de todo lo vivido, ya sabíamos que esto no era una historia que quisiéramos dejar atrás al cerrar una etapa, sino una vida que queríamos seguir construyendo juntos.

Anna y Luis celebrando la graduación
El día que cerramos una etapa
Anna y Luis celebrando su compromiso junto al mar
El día que dijimos que sí

Y así llegamos hasta aquí: los dos, con Milo acompañándonos, comenzando un nuevo capítulo. Si están leyendo esto, hay algo importante que queremos que sepan: ustedes también son parte de esta historia.